Ciclo de Talleres participativos en Maldonado, Rocha y Treinta y Tres: ¿qué aprendemos de los conflictos ambientales?

Con esta interrogante como punto de partida, durante octubre de 2025 se desarrolló en el este de Uruguay un Ciclo de Talleres participativos orientado a reflexionar colectivamente sobre los conflictos ambientales como parte constitutiva de los procesos de desarrollo territorial.

El objetivo central fue identificar y analizar colectivamente los conflictos ambientales presentes en la región, poniendo el foco en tres dimensiones clave:

● qué actividades y problemáticas los desencadenan.

● qué actores participan (y cuáles quedan ausentes).

● qué aprendizajes territoriales emergen de estos procesos de conflictividad y participación.

Desde una concepción del desarrollo como proceso multidimensional, político y territorializado, los talleres partieron de la idea de que los conflictos ambientales no son meros obstáculos, sino espacios donde se expresan disputas por los sentidos del desarrollo, por los usos legítimos del territorio y por las formas de participación en la toma de decisiones.

Los resultados del ciclo de talleres muestran tanto patrones comunes como diferencias significativas entre los departamentos. En Treinta y Tres, los conflictos se vinculan principalmente a actividades productivas intensivas (como el arroz, la forestación o proyectos extractivos) y a sus impactos acumulativos sobre el agua y los ecosistemas.

En Rocha, emergen con fuerza disputas asociadas al desarrollo turístico y a la defensa de formas comunitarias de habitar la costa, con un fuerte componente identitario. En Maldonado, la conflictividad se concentra en la presión inmobiliaria sobre la franja costera, los humedales y las áreas naturales, así como en la falta de transparencia y participación en las decisiones territoriales.

Pese a estas diferencias, en los tres territorios se repite una percepción compartida: la participación suele limitarse a instancias informativas o consultivas, con escasa capacidad real de incidencia. Al mismo tiempo, los conflictos ambientales son reconocidos como espacios de aprendizaje colectivo, donde se fortalecen redes, se amplían capacidades organizativas y se construyen nuevos repertorios de acción. En este sentido, el conflicto de Punta Ballena aparece reiteradamente como un hito regional, no tanto como modelo a copiar, sino como referencia simbólica de que la movilización social puede incidir en las decisiones públicas.

Uno de los aprendizajes centrales del ciclo es, justamente, la advertencia sobre el riesgo de transformar estas experiencias en “recetas” replicables. Los talleres muestran que cada conflicto está profundamente condicionado por su historia, sus actores, sus capacidades institucionales y sus relaciones de poder. Lo que funciona en un territorio no necesariamente puede trasladarse mecánicamente a otro. Lejos de ofrecer soluciones universales, los conflictos ambientales en el este de Uruguay producen aprendizajes situados que surgen de la fricción entre intereses, saberes y formas de habitar, y que invitan a pensar el desarrollo no como un camino único, sino como un proceso colectivo, abierto y necesariamente conflictivo. En ese sentido, más que cerrar debates, este ciclo de talleres busca abrir preguntas y fortalecer capacidades para imaginar futuros territoriales más justos, democráticos y ambientalmente sensibles. 

La metodología de trabajo fue cualitativa y participativa, basada en técnicas de cartografía social y mapeo participativo. A través de dinámicas grupales, plenarios y trabajo sobre mapas, quienes participaron identificaron conflictos, actores involucrados, escalas territoriales y vínculos entre problemáticas. El énfasis estuvo puesto en la producción de conocimiento situado, reconociendo saberes locales, trayectorias organizativas y capacidades diferenciadas de cada territorio.