El pasado viernes 26 de junio, con la presencia del director regional del Centro Universitario Regional del Este (CURE), Joaquín Marqués; el director local de la sede de Maldonado, Carlos Iglesias; y la directora local de Rocha, Lorena Rodríguez, el Departamento de Ecología y Gestión Ambiental (DEGA) presentó oficialmente sus principales líneas de trabajo y realizó el lanzamiento de su espacio web.
Mariana Meerhoff, directora del DEGA, dio la bienvenida a la jornada. En su intervención, destacó que la crisis ambiental actual representa uno de los mayores desafíos de la historia de la humanidad, debido a la aceleración de procesos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y la sobreexplotación de los recursos naturales.
«Queremos reflexionar sobre el estado del ambiente y cómo la investigación científica tiene mucho para aportar en la búsqueda de soluciones. Necesitamos más que nunca del conocimiento científico y de la evidencia para sostener la toma de decisiones», valoró.
La directora explicó que el DEGA desarrolla investigaciones sobre biodiversidad, funcionamiento de los ecosistemas, cambio global, sistemas socioecológicos, gobernanza y políticas ambientales, abarcando desde los ecosistemas marinos hasta los humedales, montes nativos y la Antártida.
«Investigamos para comprender y entendemos que tenemos que comprender para gestionar mejor», sostuvo.
Uno de los ejes centrales de la jornada estuvo dedicado a entender cómo el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las actividades humanas modifican el funcionamiento de los ecosistemas.
Matías Arim presentó investigaciones que muestran que los ecosistemas con mayor diversidad y heterogeneidad son también los más estables frente a las perturbaciones ambientales.
«Hace 22 años que monitoreamos 61 comunidades en los humedales del Este», recordó. En ese sentido, destacó que los resultados obtenidos permiten comprender qué mecanismos fortalecen la resiliencia de los ecosistemas y generan herramientas para mitigar los efectos de la variabilidad climática.
En esa misma línea, Ana Borthagaray explicó que hoy ya no es posible analizar cada ecosistema de forma aislada, sino que es necesario comprender las conexiones que existen entre los distintos ambientes. «Hoy sabemos que las condiciones locales no son suficientes para entender la estructura y funcionamiento de los ecosistemas», observó.
Resaltó que es necesario «enfocar el esfuerzo para lograr mayores beneficios de conservación con recursos muchas veces limitados». Al mismo tiempo, “el manejo y gestión de los ecosistemas naturales requiere de comprender los mecanismos que mantienen y generan la biodiversidad”, remarcó.
Otro de los grandes temas abordados fue la generación de conocimiento sobre ecosistemas todavía poco explorados, como el mar profundo uruguayo y la Antártida.
Alvar Carranza presentó los avances obtenidos tras la primera expedición científica a los fondos marinos profundos del país, la expedición Uruguay Sub 200, que permitió documentar por primera vez estos ambientes.
«Hasta el año pasado era básicamente una caja negra”, si bien “teníamos 150 años de investigación, pero nunca la habíamos visto”. «Lo más importante probablemente es empezar a documentar y caracterizar cuáles son los seres vivos y qué hacen en esos ecosistemas marinos», sostuvo Carranza.
Por su parte, Lucía Ziegler explicó cómo el monitoreo acústico permite estudiar la Antártida mediante el registro permanente de sus paisajes sonoros. Esta herramienta permite detectar cambios ambientales, monitorear especies y fortalecer el papel de Uruguay en los organismos internacionales responsables de la gestión del continente antártico.
«Cada ecosistema tiene una identidad sonora, una huella acústica particular”, aclaró. A su vez, explicó que la Antártida es “uno de los pocos lugares del planeta en los cuales la gestión ambiental está fuertemente basada en evidencia científica”.
«Escuchar estos ambientes nos permite obtener información sobre la diversidad, la actividad biológica y cambios ambientales incluso cuando no hay observadores presentes. Escuchar la Antártida también es generar la evidencia necesaria para protegerla”, añadió.
La actividad también evidenció cómo la investigación puede transformarse en herramientas concretas para la gestión pública.
Guillermo Goyenola presentó más de quince años de trabajo sobre contaminación por nutrientes y calidad del agua, una línea que permitió desarrollar redes de monitoreo ambiental y comprender procesos complejos como las mortandades masivas de peces. Este proceso «nos ha permitido pasar desde cero información ambiental de calidad de agua a más de 50.000 datos», contó el investigador.
Explicó que el objetivo es producir información continua que permita anticipar problemas, evaluar medidas de recuperación y fortalecer la gestión ambiental adaptativa. «Partimos del diagnóstico para proponer y definir acciones que si se implementan podrán ser evaluadas, y esto no es nada diferente a la base teórica de la gestión ambiental adaptativa», confirmó.
La conservación de Punta Ballena fue otro de los casos presentados durante la jornada. Patricia Mai mostró cómo la evidencia científica permitió documentar la extraordinaria riqueza vegetal del área y respaldar el proceso social que impulsó su protección.
«Punta Ballena es un lugar que se destaca por una alta diversidad y por eso lo nombramos un hotspot de diversidad vegetal. Casi el 15 % de la flora de todo nuestro país está en Punta Ballena. Es una cifra altísima para la escasa superficie disponible que tiene”, señaló.
Los estudios realizados por el Departamento fueron puestos a disposición de la comunidad y de las instituciones involucradas en la propuesta para incorporar el área al Sistema Nacional de Áreas Protegidas. «Esto fue fundamental para la apropiación de la población, le permitió valorar el lugar como un sitio a conservar», añadió Mai.
El cierre del ciclo de exposiciones estuvo a cargo de Rafael Bernardi, quien reflexionó sobre los grandes cambios ambientales y sociales que atraviesa Uruguay y el papel que cumple la investigación científica para orientar esas transformaciones. Bernardi destacó que uno de los principales desafíos consiste en fortalecer el diálogo entre la ciencia y las políticas públicas para construir trayectorias de desarrollo compatibles con la conservación de los ecosistemas.
«Entender estos cambios implica también entender cómo vivimos, cómo podemos vivir y cómo vamos a vivir. Se han producido cambios muy significativos en la base ecosistémica, en la base del mundo natural en el cual habitamos», indicó. Además recalcó la relevancia de “conocer el estado de nuestros ecosistemas” para “facilitar procesos colectivos” y “tratar de definir esas trayectorias hacia un desarrollo más sustentable», planteó.
La jornada concluyó con la presentación oficial del nuevo espacio web del Departamento de Ecología y Gestión Ambiental, una plataforma que reunirá información sobre sus líneas de investigación, proyectos y actividades, consolidando un nuevo canal de intercambio entre la comunidad científica y la sociedad.